Pretending that the pain she feels is pain

by Yolanda Castaño


Pretending that the pain she feels is pain

My looks suggest I like

things that I do not.

 

Everyone speaks through

closed lips.   

 

As does this.    

The walls of a grotto where, ten thousand years ago,    

someone sullies the natural essence of the stone.    

Coins, alternating current,    

a girl born with beauty in her genes,    

pock-marked by hang-ups.    

Like an orgasm in Hedy Lamarr, like Nikola Tesla’s eyes.    

A country where one needn’t be,    

but can merely    

appear to.    

A peeling away of gloves,

a touch of spice, the most prestigious    

of all dubbing schools.   

 

Capital is the nightmare    

of being caught in our symbolic capacity.

The most flattering of all:  mortuary makeup.

Years of work turned into equestrian granite.

An industry of poverty, wolfram in kitchen gardens.

Like an ardent body, aware but

feigning innocence.    

Cheap false eyelashes, an image    

identical to itself.      

 

Like political poetry confused    

with a selfie in the bathroom mirror.    

The metonymy of evil.

The normative wrenched.

A set stage, a menu, an emergency escape from the fires of discourse.    

Something whose roots stretch out to the air and longs

to return to the soil, once time

has elapsed since it burst into light--

like the eyes in potatoes.    

 

The poem’s gaze is like this too:

worker ants in single file,

flattened forever    

in timeless lines,  

 

shreds of gestures

that look like

something else. 

© translated by Carys Evans-Corrales

Que es dolor/El dolor que de veras siente

Tengo cara de gustarme

las cosas que no me gustan.

 

Los labios de todo el mundo

hablan sin despegarse.

 

Esto también es así.

Las paredes de una gruta en la que alguien, hace diez mil años,

mancilla lo natural de la piedra.

Monedas, corriente alterna,

una muchacha nacida con los genes de la belleza,

toda picada de complejos.

Como un orgasmo de Hedy Lamarr, los ojos de Nikola Tesla.

Un país donde no ser,

donde sólo 

parecerlo.

Guantes desenfundados, sal, la más prestigiosa

de todas las escuelas de doblaje.

 

El capital es la pesadilla

de quedarnos atascados en nuestra capacidad simbólica.

El más favorecedor de todos:

maquillaje tanatoestético.

Años de trabajo vueltos un pedazo de granito ecuestre.

Una industria de la miseria, las huertas del wolframio.

Como un cuerpo ardiente que sabe, y

disimula.

Pestañas postizas de marca barata, una imagen

idéntica a sí misma.

 

Como poesía política que se confunde

con una autofoto frente al espejo del baño.

La metonimia del mal,

normativo dislocado.

Escenificación, menú, la escalera de incendios del discurso.

Algo al que le crecen raíces aéreas

y anhela volver a la tierra en cuanto hace un tiempo que salió a la luz;

como los ojos de las patatas.

 

La mirada del poema es también así,

filas de hormigas obreras

aplastadas para permanecer,

 

restos de gestos

que parecen

 

otra cosa.

© Yolanda Castaño, digital periodical magazines